dissabte, 21 d’octubre de 2017

Cuando el diablo salió del baño - Sophie Divry





"Cuando necesitas a los demás, es que no has hecho tu vida."






Divry, Sophie. Cuando el diablo salió del baño. 

Barcelona: Malpaso, 2016. 



Quand le diable sortit de la salle de bain, traducció de Maria Enguix.




 Que en diu la contraportada...
La protagonista de esta novela (cualquier parecido con la autora es pura coincidencia) malvive con una ayuda para desempleados de larga duración. El alquiler de su minúsculo apartamento le deja apenas cien euros libres al mes. En cierto modo es una víctima de sus propias ilusiones porque ha dejado su empleo para dedicarse plenamente a la literatura: ahora debe compaginar esas quimeras con los imperativos de la supervivencia diaria.  Su vida, como la de tantos otros, se abisma poco a poco en un infierno que la indómita narradora nos relata con un humor quirúrgico: a ratos roza el sarcasmo, pero nunca excluye la ternura. Esa mujer que no pacta con el diablo, que no se rinde frente a la adversidad, que no renuncia a los sueños, es la más lúcida observadora de su entorno y de sí misma.

 Com comença...
Durante cierto periodo de mi vida vi como mi renta se dividía en tres y mi casa pasaba de ochenta a doce metros cuadrados. Por razones que veremos más adelante, no era desdichada, pero sí pobre.

 Moments...
(Pàg. 28) 
Había que admitirlo, cada cual hacía su vida, expresión que siempre me ha parecido moralmente dudosa, puesto que hacer tu vida viene a ser más o menos encontrar trabajo, casarse, hacerse propietario, comprarse un coche, dejar de pedir dinero a tus padres, tener lleno el frigorífico. Hago mi vida y, por tanto, ya no pido nada a nadie. ¿Qué es deshacer tu vida sino no poder irte de vacaciones, divorciarte, estar en paro, emigrar, tener que recurrir a las oficinas de empleo o al apoyo moral? Cuando necesitas a los demás, es que no has hecho tu vida.

(Pàg. 30) 
Los ricos no entienden por qué los pobres eligen mal; por qué algunos se alcoholizan en vez de comprarse carne con los pacientes ahorros, pero los ricos no necesitan aflojar el torno que los oprime. Su único problema es ponerse límites. Cuando no tienes dinero, los límites, en cambio, no te sueltan nunca; te pasas la vida contando, la nariz dentro de un miserable monedero. El placer del pobre consiste en sustraerse un momento a esta presión.

(Pàg. 31)
(...) ¿la dignidad del hombre no se aloja en lo que es inútil, la hermosura, la risa, la conversación, los dibujos de los críos y  los cafelitos en el bar?

(Pàg. 63)
El Gran Éxodo es el momento en que me despojé de mi vida anterior. Cada cual lleva en su corazón su posguerra, su Liberación; cada cual ha vivido su partida de Egipto, su New Deal, su Gran Depresión; cada biografía puede escribirse a imagen de un libro de historia, con sus periodos glaciales y sus revoluciones.

(Pàg. 67)
Sin duda, fue una familia pobre la que inventó el condicional para soportar mejor su condición.

(Pàg. 85)
No quedaban en los bancos más que media docena de personas, los hambrientos, como yo y ese joven que chupaba fijamente un cigarrillo cada vez más corto; los que no tienen apetito porque van a comer solos; los que encenderán, ellos mismos, el interruptor al volver a casa; ésos a quienes nadie preguntará cómo les ha ido el día; los que no tienen niños que llevar de la mano ni necesidad de reposo después de una dura jornada de trabajo. Como ellos, yo me demoraba en el jardín del museo hasta el último instante, por desesperación, por cansancio, me demoraba, muda compañera de otras sombras que observaban como yo las gencianas regresadas, sabiendo veladamente que la contemplación de la naturaleza distrae un instante del peso de la existencia humana.

(Pàg. 89)
Una lágrima se desprendió de la mejilla de papá y cayó al suelo. Entonces se levantó un viento terrible. En un largo soplo como el destino, se llevó el techo del castillo, se llevó los tilos, se llevó los gnomos y las fiestas con crepes; los tablazos se hendieron, las chimeneas se esfumaron, los espejos se borraron, los caballos huyeron al prado, los robles y los pinos se abatieron con estrépito; la tierra tembló con más fuerza, mis hermanos crecieron; desaparecieron las cazas del tesoro, el ratoncito Pérez, los pájaros carpinteros y las grajillas; los besos de mi madre ya no consiguieron curarme la fiebre adolescente, su belleza se marchitó, mi abuela murió; de noche, los búhos dejaron de ulular, en su lugar oía el ruido del tráfico de la carretera secundaria.

(Pàg. 114) 
- (...) ¿Cuál es el criterio de una educación exitosa? –repuso  Kazan en la penumbra-. ¿Que nuestros hijos se adapten perfectamente, que se acomoden cómodamente, que defiendan su felicidad o que sean gente de bien? ¿Por qué nos partimos el lomo por enseñarles el camino que deben seguir si decimos que son libres de elegir su vida? Si Arthur quiere ser policía en vez de magistrado, si Benoît quiere ser panadero y no ingeniero: ¿qué se sentirá decepcionado dentro de mí? SI les hace felices patear mis gustos, ¿qué se sentirá decepcionado dentro de mí? ¿Y cuánto me sentiré más orgulloso de mi hijo, cuando le gane una promoción a uno de sus colegas o cuando le dé su abrigo a un vagabundo? ¿Y por qué el heroísmo no ha de consistir primero en no hacer daño?

(Pàg. 198) 
(...) tampoco desecharé por completo la idea de que el trabajo también es una droga, un quitaconciencias, es la evacuación de uno mismo por un medio exterior.

(Pàg. 208)
A los dos años me habían llevado al colegio y qué habían sido los veinte años siguientes sino una carrera tras las buenas notas, los cumplidos, los exámenes; después corrí tras un diploma, tras un cónyuge, tras una carrera; para terminar, corrí tras un subsidio, tras diez míseros euros; a menos que logres algo la vida, llega un momento en que, si eres víctima de la injusticia clamorosa, sólo te queda abandonar la carrera.

 Altres n'han dit...
La vida en las páginas, El cultural de Jorge Cano, Libros y literatura, Un libro al díaIsaR, My world between words, Generación Reader, Blablablamia, A bride abatue, En lisant en voyageant, Les lectures d'Isabel & Léo, La lecturienne.

 Enllaços:
Sophie Divryquè en diu l'autoracontext i temàtica, literatura de la fam, estructura, estil i recursos.

dijous, 19 d’octubre de 2017

Petita crònica - Stefan Zweig




"(...) l’atzar té trepants de diamant, i sovint el destí, perillosament astut, sap obrir-se camí pels indrets més insospitats."



Zweig, Stefan. Petita crònica
Barcelona: Edicions de la ela geminada, 2015.

Kleine Cronik. Vier Erzablungen. Traducció de Marc Jiménez
Col·lecció Trívium, 7



 Que en diu la contraportada...
L’any 1929, en ple ascens del nazisme, Stefan Zweig va publicar, sota el títol Petita crònica. Quatre narracions, un recull de relats breus que gaudirien d’un èxit extraordinari: tres edicions successives i 100.000 exemplars venuts en només dos anys. Tot i la diversitat temàtica de cadascuna de les quatre narracions, aquest llibre constitueix una crònica literària de l’Europa d’entreguerres amb un fort component autobiogràfic. Dels quatre relats —«La col·lecció invisible», «Un episodi del llac de Ginebra», «Leporella» i «El llibreter Mendel»—, aquest darrer ha gaudit d’un èxit especial i s’ha consagrat com un cant d’amor als llibres i als llibreters. El lector té l’oportunitat de llegir aquestes narracions per primera vegada en català i en la forma que Zweig va donar originalment al llibre.

 Com comença...
Dues estacions després de Dresden, un senyor ja d’edat va pujar al nostre compartiment, saludà cortesament i, tot seguit, alçant la mirada i fent un gest amb el cap, em tornà a saludar expressament a mi com un vell conegut. De primer vaig ser incapaç de saludar-lo, però així que digué el seu nom amb un lleu somrís, em tornà immediatament a la memòria:  era un dels antiquaris d’art més apreciats de Berlín.
La col.lecció invisible. Un episodi de la inflació alemanya.

 Moments...
(Pàg. 42)
(...) havia tornat a sentir, d’una manera viva, l’entusiasme pur en una època trista i apagada, una mena d’èxtasi impregnat d’un llum intel·lectual, dirigit tot ell vers l’art, una cosa que semblava oblidada feia molt de temps. I el meu sentiment era –no se m’acut cap altra manera d’expressar-ho- de reverència, malgrat la vergonya que encara sentia , sense saber ben bé per què.
Un cop al carrer, vaig sentir el soroll d’una finestra i després algú que cridava el meu nom: en efecte, el vell no s’havia pogut estar de seguir-me amb els seus ulls cecs en la direcció on suposava que jo em trobava. Abocant-se tan enfora que les dues dones van haver d’aguantar-lo previsorament, remenava el mocador en l’aire i,amb la veu alegre i renovada d’un infant, cridava: “Bon viatge!” Fou una escena inoblidable: el rostre radiant de l’ancià de cabells blancs flotant per damunt de totes les persones malcarades i enfeinades del carrer, flonjament enlairat sobre el nostre antipàtic món real pel núvol blanc d’una benèvola il·lusió. I vaig recordar aquella antiga i veritable sentència –crec que és de Goethe-: “Els col·leccionistes són persones felices.”
La col.lecció invisible. Un episodi de la inflació alemanya.

(Pàg. 56)
Pujada com a filla il·legítima a càrrec de la comunitat, llogada per a minyona amb només dotze anys, més tard fregadora en una taverna de carreters, a la fi progressà des d’aquesta ocupació, on demostrà una tenaç, infatigable passió pel treball, fins a la cuina d’una acreditada fonda de turistes. Allà, es llevava cada dia a les cinc del matí, treballava, escombrava, fregava, escalfava, raspallava, endreçava, cuinava, amassava, premsava, rentava i s’escarrassava fins ben entrada la nit. No feia mai vacances ni trepitjava mai el carrer, si no era per anar a l’església: el foc de la cuina, rodó i calent, era el seu sol, i no coneixia cap altre bosc que els milers i milers de trossos de fusta que va rompre al llarg dels anys.
Els homes la deixaven en pau, ja fos perquè els turments d’un quart de segle fent l’escarràs li havien llevat tot el que pogués recordar la seva condició femenina, o bé perquè rebutjava amb esquerperia qualsevol aproximació. La seva únic alegria eren els diners, que aplegava obstinadament, amb l’instint de ratolí de la gent rústega i solitària, per no haver de tornar a engolir a les seves velleses el pa de la comunitat, tant amarg.
Leporella

(Pàg. 62)
Però l’atzar té trepants de diamant, i sovint el destí, perillosament astut, sap obrir-se camí pels indrets més insospitats, fins i tot en les naturaleses més rocoses.
Leporella

(Pàg 64)
I va ser aleshores, arran d’aquesta empenta casual, que en el seu sòl interior va iniciar-se un arrossegament i un moviment de terres que, avançant d’estrat en estrat, acabà desfermant, primer d’una manera somorta i després amb una claredat creixent, un sentiment nou, semblant a aquell reconeixement sobtat amb què un gos, un bon dia, d’entre tots els éssers bípedes que l’envolten, n’escull un per amo: d’ençà d’aquest moment va sempre al darrere d’aquell a qui el destí l’ha subordinat, el saluda remenant la cua o amb lladrucs, s’hi sotmet de forma voluntària i en segueix fidelment les passes, sense deixar-lo mai de petja.
Leporella.

(Pàg. 65)
Van passar una o dues setmanes fins que aquests brots primerencs d’un nou sentiment trencaren la closca del seu món interior. I encara hagueren de passar setmanes i més setmanes perquè, d’aquest primer impuls, en sorgís un segon pensament que, un cop superada una fase de creixement insegur, anà adquirint claredat de color i de figura.
Leporella.

(Pàg. 67)
(...) del fons del seu ésser va pujar un solatge ocult de passió que va tenyir completament la seva conducta. Com en un desglaç sobtat, els seus membres durs, congelats, van perdre l’espesseïment, la pesantor; semblava que aquella notícia electritzant li hagués donat de cop i volta unes articulacions més lleugeres, un pas més ràpid, més veloç.
Leporella

(Pàg. 73)
(...) ¿qui és que es gira per mirar la seva pròpia ombra? Sentim com s’arrossega amb muda fidelitat darrere els nostres passos, veiem que ara i adés s’avança, com un desig encara inconscient, però rares vegades fem un esforç per observar les seves formes paròdiques i reconèixer el nostre jo en aquesta desfiguració.
Leporella

 Altres n'han dit...
Catorze, Historiata, El bloc de la Núria.

 Enllaços:
Stefan Zweig, petites joies, gènesi i herència, El llibreter Mendel, La col·lecció invisible, Leporella.

dissabte, 14 d’octubre de 2017

La mort d'en Bunny Munro - Nick Cave




"Estic condemnat."








Cave, Nick. La mort d’en Bunny Munro. 
Barcelona: Empúries, 2009. 


The death of Bunny Munro. Traducció de David Fernàndez
Col·lecció Narratives, 354



  Que en diu la contraportada...
En una divertidíssima barreja de les millors novel·les de Bukowski, el Wilt de Tom Sharpe, les pel·lícules dels germans Coen més destraleres i les comèdies familiars agredolces de sobretaula, La mort d'en Bunny Munro és una novel·la esplèndida escrita per una de les icones de la música rock del darrer quart del segle XX. Quan la dona de Bunny Munro, venedor ambulant de cosmètics, se suïcida un vespre a casa seva davant del seu fill de nou anys, la vida d'en Bunny s'accelera en un cursa cap a l'evasió i l'autodestrucció. Deprimit per la mort de la dona i enfrontat per primera vegada a la seva condició de pare, en Bunny es precipita cap a un viatge sense retorn ple d'alcohol i de dones. Al seu costat, en Bunny Junior, fins ara tímid, emmarat i poruc, aprendrà la picardia del seu pare i les eines per sobreviure en un món brut i sòrdid com el nostre.
Brillant i esbojarrada, La mort d’en Bunny Munro és una comèdia tant irreverent com plena de moments inoblidables.

 Com comença...
“Estic condemnat”, pensa en Bunny Munro en un sobtat moment de clarividència reservat a aquells que els queda poc per morir. Sent que en algun moment del procés ha comès un error fatal, però aquesta apreciació s’esfuma en un segon horrible, desapareix, i el deixa sol en una habitació del Grenville Hotel, en roba interior, amb res més que ell mateix i els seus anhels.

 Moments...
(Pàg. 26)
Una prova de l’indefectible optimisme d’en Bunny és que els bons temps, quan festejaven, es neguen a deixar anar el present, o sigui que en realitat no importa tota la merda que posa bastons a les rodes del seu matrimoni (...).

(Pàg. 80)
(...) al cap d’una estona, s’acosta el rellotge de polsera a l’orella i escolta el tic-tac, alt i inexorable, del temps. Pensa que amb cada tic-tac del rellotge el record de la seva mare es va esborrant, s’escapa. Sent, amb un calfred gelat que li travessa el cor, que fins i tot mentre és allà ajagut la va perdent, a poc a poc. Tanca els ulls i intenta, i se’n surt prou bé, furgar en la seva memòria i evocar imatges de la mare. Espera que així pugui evitar que s’esvaeixi del tot. En el fons del seu cor, vol recordar-la perquè torni a existir.

(Pàg. 84) 
En Bunny va notar una única gota freda de suor que li baixava cara avall i li mullava el coll de la camisa. En aquell moment, va saber que tot havia canviat. Res no tornaria a ser igual. No se li acudia dir res a la seva dona excepte “adéu”, potser, mentre observava el petit ésser en braços de la seva mare. L’amor era excessiu. Va sentir com si la criatura hagués premut en secret l’interruptor del seient del pilot i ell hagués sortit volant pels aires, sense control, fora dels límits del matrimoni. No va dir “adéu”, és clar, sinó: “Ostres, nena, necessito un cigarret”.

(Pàg. 101)
Espera’m aquí, Bunny Boy. Torno de seguida –diu mentre surt del cotxe. En Bunny Junior pensa que el seu pare sembla un triomfador, amb el maletí de mostres i el vestit.
Entesos, papa –contesta el nen, que s’ajusta les ulleres de sol-. T’espero aquí.
En Bunny està a punt de creuar el carrer, però aleshores gira cua i fica el cap per la finestra del conductor.
Si ve un guàrdia de trànsit, fes veure que ets subnormal o el que sigui.
D’acord, papa.
El nen observa com en Bunny travessa la carretera i pensa que el seu pare té una manera d’anar pel món que és realment impressionant.

(Pàg. 112)
(...) el roure gros és el malparit que té calés, i l’arbret de merda és el pobre desgraciat que no té ni un cèntim. Em segueixes?
En Bunny Junior fa que sí amb el cap.
Bé, això sona més fàcil del que és en realitat, Bunny Boy. Vols saber per què?
Sí, papa.
Doncs perquè tots els desgraciats d’aquest món i la mare que els va parir s’han aferrat a l’arbre petit i el remenen fins que cau la darrera fulla: el govern, el coi de propietari, els sortejos de loteria que no guanyaran en la vida, l’ajuntament, els putos exs, la pila de mocosos que fan el dropo tot el dia perquè són massa estúpids per tenir una mica d’autocontrol, tota la merda que veuen a la tele i que no serveix per a res, el coi de Tesco, les multes d’aparcament, l’assegurança d’això, l’assegurança d’allò, el bar, les escurabutxaques, les cases d’apostes; tots aquests desgraciats i la mare que els va parir no paren de sacsejar l’arbre petit –diu en Bunny amb els dits de les mans entrellaçats, com si escanyés algú.
I llavors què fas, papa? –pregunta en Bunny Junior.
Bé, doncs has de tenir alguna cosa que pensin que necessiten, això és bàsic.
I què necessiten, papa?
Esperança... saps què vull dir?... Un somni. Els has de vendre un somni.

(Pàg. 140)
(...) Estàs bé? –pregunta la Pamela.
És que he tingut un dia molt dur –respon en Bunny mentre s’eixuga la cara amb el revers de la mà.
Tinc una sensació estranya amb tu –diu sense mala intenció.
Sí –contesta en Bunny.
Em penso que les coses encara t’aniran pitjor.
Ja ho sé –respon en Bunny, que, de manera sobtada i vertiginosa, n’és conscient-. Això és el que m’espanta.

(Pàg. 147) 
En Bunny fa una altra mossegada a la Big Mac i sap, com qualsevol que estigui al corrent d’aquesta mena de coses, que el pa tou, la carn esponkosa, el formatge, el cogombret tallat tan fi i, per descomptat, la salsa especial salada, fan que mossegar una Big Mac sigui el més semblant a menjar-se un cony que hi ha després de, bé, menjar-se un cony.

(Pàg. 159)
(...) l’endemà el pare em va enviar a la piscina una altra vegada i vaig buscar la Penny Charade, però no hi era, i jo nedava per la piscina compadint-me de mi mateix quan vaig veure que una altra nena em somreia, i després duna altra, i de sobte la piscina estava plena de Penny Charades... a la vora de la piscina... nedant, al coi de trampolí, saludant i somrient, estirades a les tovalloles, jugant amb pilotes infables, i llavors ho vaig tornar a sentir... aquella sensació... aquell poder... el meu do...

(Pàg. 168)
Entre la gentada que de sobte s’ha congregat a la cafeteria, en Bunny Junior distingeix una dona de cabells rossos vestida amb una camisa de dormir taronja que fa cua a l’altra banda de la cafeteria, a la barra dels entrepans. Mira cap al cantó contrari d’on és ell i els cabells li tapen la cara, i el nen de vegades la veu i d’altres no.
Cal estar sempre preparat –diu en Bunny.
Per als bojos –contesta distret en Bunny Junior.
Exacte, Bunny Boy. Sempre alerta amb els sonats.
En Bunny Junior s’aixeca, s’ajup i inclina el cap per intentar veure millor aquesta dona que podria ser la seva mare, però ja no hi és, i llavors sent que el seu pare diu:
Una vegada vaig fer una feina a Hastings i vaig veureu una nena que tenia aletes diminutes en lloc de mans, i una llengua tan llarga, que li havien de subjectar a la solapa de la jaqueta.
En Bunny Junior torna a pujar al tamboret, s’asseu i resta immòbil amb les mans sobre la falda. Quan en Bunny mira el seu fill, li veu la cara pàl·lida i l’expressió de por als ulls.
Ja ho sé, Bunny Boy! Que m’has de dir en a mi! Quan hi penso, em cago de por!

(Pàg. 183)
En Bunny nota una fúria volcànica que el regira per dins, una fúria contra tot: la seva dona, que fins i tot des de la tomba el persegueix i l’assenyala amb dit acusador; aquesta meuca vella i artrítica amb les seves mancances i necessitats delirants; l’ensopit del seu fill que l’espera al cotxe; el seu pare, a les portes de la mort pel càncer; totes les dones rapaces que li xuclen la sang; les vespes i els estornells dels collons –“Què volen tots de mí?”-.

(Pàg. 189)
- (...) si vols tornar al coi d’escola, només cal que ho diguis.
Vull quedar-me amb tu, papa.
És clar que sí! Perquè sóc el teu pare! I t’ensenyaré que és la vida! T’ensenyaré aquest ofici. D’això, aquestes mòmies amb una merda de pissarra i un tros de guix no en tenen ni punyetera idea!

(Pàg. 215)
(...) I ara què farem, papa? –contesta en Bunny Junior.
En Bunny fa un glop de l’ampolleta i se la fica a la butxaca anterior de la jaqueta.
Fill, anem a remenar l’arbre dels calés. Fotrem uns quants babaus i munyirem la vaca verda sagrada –diu en Bunny, i es posa un Lambert & Butler a la boca-. Guanyarem uns calerons, farem pela. Traure’m els cèntims a la gent. Com diem els del gremi, a violar i a saquejar. –En Bunny s’encén el cigarret amb el Zippo, es crema el tupè i el cotxe s’omple de pudor de pel socarrimat.- Anem a guanyar una mica de pasta! Em segueixes? I tinc un bon pressentiment amb aquesta clienta.
Sí, papa però què farem després de guanyar pasta?
Som vampirs, noi! Collons, som voltors! Som com piranyes exaltades que persegueixen un búfal, un caribú o el que sigui! –exclama en Bunny amb cara de boig-. Som barracudes!
El nen mira el seu pare i sent una esgarrifança: veu el terror als ulls embogits d’en Bunny, i això el fa retrocedir. En Bunny Junior sap, en aquest instant, que el seu pare no té ni idea de què fa ni d’on va.

(Pàg. 261)
De mica en mica les distingeix a totes, dretes davant de l’escenari, balancejant-se a la pista de ball, de puntetes a la part posterior de la sala, saludant des dels petits balcons ornamentals; totes i cadascuna d’elles, de tota classe, condició i encarnació, unes mig recordades, algunes mig oblidades i d’altres poc més que un esbós difuminat en la memòria d’en Bunny, però totes es veuen glorioses, radiants, perfectes en conjunt.
Des d’una casa de protecció oficial, d’un pis ruïnós, d’un estudi minúscul, d’un hotel de mala mort, d’una ciutat costanera en decadència i d’una altra ciutat costanera en decadència, en Bunny veu com totes vénen cap a ell, emergint dels dies i els mesos i els anys horribles de la seva vida, la desfilada ingent de les afligides, les dolgudes, les agreujades i les avergonyides –però mira! Mira les seves cares!- que ara, totes juntes, es veuen contentes, felices en la bellesa eterna del Saló de l’Emperadriu del Butlins Holiday Camp de Bognor Regis.

(Pàg. 269)
En aquest món, és massa difícil ser bo –diu en Bunny.
Tanca els ulls i, amb una alenada, deixa de moure’s.

 Altres n'han dit...
L'home cactus, Ofici de lectorEl mar de letrasJe dis que ce j'en sensUn libro al día, Maëlstrom, De giraEl lamento de Portnoy, La escuela modernaEscrito para...

 Enllaços:
Nick Cave, l'autor, llegint-se,gènesi, tècnica i temàticanovel·la psicodèlicaSantes Verges de la Cloïssa,  deixant el maniqueisme enrere.