diumenge, 14 de gener de 2018

La filosofía en el tocador - Donatien de Sade



"(...) es muy agradable escandalizar; produce un pequeño triunfo para el orgullo, nada despreciable."




De Sade, Donatien. La filosofía en el tocador. 

Barcelona: Tusquets Editores, 1988. 

La philosophie dans le boudoir. Traducció de Ricardo Pochtar
Col·lecció La sonrisa vertical
 



 Què en diu la contraportada...
Escrita en 1795, La filosofía en el tocador es una de las obras más significativas del marqués de Sade. Con el relato minucioso, casi científico, de las peripecias de Eugenia, una adolescente de quince años iniciada en los rituales del sexo por tres preceptores que desconocen -o quieren ignorar- los límites entre el bien y el mal, Sade franquea una vez más la barrera de todo precepto moral, de ayer y de hoy, introduciéndose a sí mismo -y de paso introduciéndonos a nosotros- en los abismos de los fantasmas y las fantasías sexuales que todos incubamos, con mayor o menor intensidad, en lo más recóndito de nuestro inconsciente.
A finales del siglo XVIII era costumbre publicar y leer lo que hoy se ha dado en llamar «la novela libertina».Sade transgrede por completo este género ligero y alegre, pues su enorme curiosidad por «los infiernos del alma» del ser humano le conducen a penetrar siempre más en las profundidades del deseo sexual dejándolo fluir sin reparos, sucumbiendo a él y arrastrándonos en su insaciable investigación del placer y del goce.
Es en este sentido precisamente en el que la obra erótica de Sade pasa a ser algo más que pura narración ; es no sólo una introspección en el mundo de lo incontrolable, mucho antes que la aparición del psicoanálisis, sino también un auténtico tratado sobre las múltiples caras de la moral en un período histórico de grandes conmociones, en el que los valores establecidos perdían su razón de ser. No es de extrañar que, periódicamente, la obra del «divino marqués» cobre renovado interés…

 Com comença...
A vosotros, voluptuosos de todas las edades y de todos los sexos, sólo a vosotros ofrezco este libro: nutríos de sus principios, que favorecen vuestras pasiones; pasiones con las que fríos y ramplones moralistas os espantan y que son sólo los medios que utiliza la naturaleza para lograr que el hombre llegue a comprenderse como ella misma lo comprende; escuchad únicamente a esas deliciosas pasiones; su órgano es el único que ha de conduciros a la felicidad.

 Moments...
(Pàg. 23)
Mme. de Saint-Ange. (...)¿Acaso no sabes que en esta reunión he de iniciarte en los más secretos misterios de Venus? ¿Tendremos tiempo en dos días?
Eugenia. Si no llegase a conocerlo todo, me quedaría... He acudido para instruirme y no me iré antes de alcanzar la sabiduría.

(Pàg. 26) 
Eugenia. (...) ¡Oh!, sin embargo, me siento tan confundida...
Dolmancé. Vamos, bella Eugenia, poneos cómoda... el pudor es una vieja virtud de la que, con todos vuestros encantos podéis prescindir de maravilla.
Eugenia. Pero la decencia...
Dolmancé. Otra costumbre gótica a la que en la actualidad se presta muy poca atención. ¡Es tan contraria a la naturaleza!

(Pàg. 30)
Mme. de Saint-Ange. (...) Una bonita muchacha sólo debe preocuparse por joder y nunca por engendrar. Pasaremos por encima de todo lo que se refiere al burdo mecanismo de la procreación y nos dedicaremos única y principalmente a las voluptuosidades libertinas, cuyo espíritu nada tiene de procreador.

(Pàg. 33)
Dolmancé. (...) Entregaos, Eugenia, abandonad todos vuestros sentidos al placer; que sea el único dios de vuestra existencia; sólo a él ha de sacrificarlo todo una joven, y nada ha de ser tan sagrado para ella como el placer.

(Pàg. 36)
Eugenia. (...) ¿Qué entiendes por la expresión puta? Perdóname, pero estoy aquí para aprender, ¿sabes?
Mme. de Saint-Ange. Así llaman, ángel mío, a esas víctimas públicas del libertinaje de los hombres, siempre dispuestas a plegarse al temperamento o al interés de ellos; dichosas y respetables criaturas que la opinión infama, pero que la voluptuosidad corona y que, mucho más necesarias para la sociedad que las mojigatas, tienen el coraje de sacrificar, para servirla, la consideración que esa sociedad se atreve a retirarles injustamente. ¡Vivan aquellas que se sienten honradas por ese título! ¡Esas son las mujeres verdaderamente ambles, las únicas verdaderamente filósofas!

(Pàg. 38)
Dolmancé. (...) [Dios] si es cierto que, suponiendo que exista, ese ser inerte sería seguramente el más ridículo de todos lo seres, porque sólo hubiese servido un solo día y desde hace millones de siglos se encontraría en una inacción despreciable; que, suponiendo que existiese tal como nos lo describen las religiones, sería seguramente el más detestable de los seres, porque permite el mal sobre la tierra, cuando su omnipotencia le permitiría impedirlo; si, digo, todo esto estuviera probado, como innegablemente lo está, ¿creeríais entonces, Eugenia?  Que la piedad el hombre hacia ese Creador imbécil, insuficiente, feroz y despreciable sería una virtud necesaria?.

(Pàg. 44)
Dolmancé. (...) la beneficencia es más un vicio de orgullo que una verdadera virtud del alma; socorremos a nuestros semejantes por ostentación, nunca con el solo propósito de hacer una buena obra; mucho nos enfadaríamos si la limosna que acabamos de dar no tuviese la mayor publicidad posible.

(Pàg. 49)
Mme. de Saint-Ange. (...) Que tus placeres no conozcan más limitaciones de lugar, de tiempo ni de personas. Todos los momentos, todos los sitios, todos los hombres deben ser apotr para tus placeres. La continencia es una virtud imposible, y por la que la naturaleza, violada en sus derechos, nos castiga inmediatamente con mil desdichas. Mientras no cambien las leyes, usemos algunos velos; la opinión nos lo impone; pero desquitémonos en silencio por esta castidad cruel que estamos obligados a mantener en público.

(Pàg. 62)
Dolmancé. (...) La imaginación es el aguijón de los placeres. En los de esta especie lo gobierna todo, todo lo guía. ¿Acaso no es por ella que se goza? ¿Acaso de ella no proceden las más excitantes voluptuosidades?

(Pàg. 66)
Dolmancé.. (...) En síntesis; en todas estas cosas parto del principio de que si la naturaleza prohibiese los goces sodomitas, los incestuosos, las masturbaciones, etcétera, ¿permitiría acaso que nos resultasen tan placenteros? Es imposible que pudiese toleras algo que verdaderamente la ultrajase.

(Pàg. 80) 
Dolmancé. (...) Lo único que cabe conservar de todo ellos es la blasfemia. No porque ne ésta haya más realidad, puesto que desde el momento en que Dios ya no existe ¿para que serviría insultar en su nombre? Pero ocurre que es importante pronunciar palabras fuertes o sucias en miedo de la embriaguez del placer, y las blasfemias son muy útiles para la imaginación. No hay que callar nada en ellas. Conviene adornarlas con el mayor lujo de expresiones. Es necesario que escandalicen lo más posible. Porque es muy agradable escandalizar; produce un pequeño triunfo para el orgullo, nada despreciable.

(Pàg. 82)
Dolmancé. (...) Fueron los primeros cristianos, permanentemente perseguidos por su imbécil sistema, quienes gritaban a los que querían escucharles: “¡No nos queméis, no nos desolléis! La naturaleza dice que no hay que hacer a los demás lo que no quisiéramos que se nos hiciera”. ¡Imbéciles! ¿Cómo podría la naturaleza, que siempre nos aconseja que nos deleitemos, que nunca imprime en nosotros otros movimientos, otras inspiraciones, cómo podría asegurarnos luego, con una incoherencia insólita, que no hemos de pensar en deleitarnos en caso de que ello suponga dolor para los demás?

(Pàg. 83)
Dolmancé.. (...) La crueldad está en la naturaleza; todos nacemos con una dosis de crueldad que sólo la educación modifica, pero la educación no está en la naturaleza: perjudica los sagrados efectos de la naturaleza tanto como el cultivo perjudica los árboles.

(Pàg. 115)
Dolmancé.  (...) Todos los hombres, todas las mujeres, se parecen: no hay amor que resista a una reflexión sana. ¡Oh, qué engaño es esa embriaguez que absorbe el resultado de nuestros estudios y nos pone en un estado tal que ya no vemos, que ya no existimos más que a través de ese objeto locamente adorado! ¿Acaso eso es vivir? ¿No es más bien privarse voluntariamente de todas las dulzuras de la vida?

(Pàg. 116)
Dolmancé. (...) Siempre putas, nunca amantes, huidoras del amor, adoradoras del placer (...).

(Pàg. 117)
Dolmancé. (...) conservemos nuestros amigos mientras nos sirvan; olvidémosles cuando ya no podamos extraer nada de ellos; nunca hay que amar a la gente por otra cosa que le propio beneficio amarla por ella misma es un engaño.

(Pàg. 118)
Eugenia. Pero si todos los horrores que nos preconizáis están en la naturaleza, ¿por qué las leyes se oponen a ellos?
Dolmancé. Porque las leyes no han sido hechas para lo particular sino para lo general; esto las coloca en una contradicción perpetua con el interés, dado que el interés personal contradice siempre al interés general. Las leyes, buenas para la sociedad, son muy malas para el individuo; porque, por una vez que lo protegen o lo resguardan , lo molestan  y lo esclavizan durante las tres cuartas partes de su vida; de modo que el hombre sabio y lleno de desprecio hacia ellas las tolera como hace con las serpientes y con las víboras, que aunque hieran o envenenen son útiles a veces en medicina; se protegerá de las leyes como lo hace de esos animales venenosos; se resguardará de ellas mediante precauciones, secretos, recursos habituales de la sabiduría y la prudencia.

(Pàg. 128)
(...) Un republicano no ha de arrodillarse ante un ser imaginario ni ante un vil impostor; sus únicos dioses han de ser ahora el valor y la libertad. Roma desapareció a partir del momento en que en ella se predicó el cristianismo (...)

(Pàg. 130)
(...) Licurgo, Numa, Moisés, Jesucristo, Mahoma, todos estos grandes bribones, todos estos grandes déspotas de nuestras ideas, supieron asociar las divinidades que fabricaron con su ambición desmesurada y, seguros de esclavizar a los pueblos con la sanción de esos dioses, se cuidaron bien de interrogarlos sólo en ocasiones determinadas y de hacerles responder únicamente lo que consideraban que podía serles útil.

(Pàg. 131)
(...) No nos contentemos con quebrar los cetros; pulvericemos para siempre los ídolos: de la superstición a la monarquía nunca hubo más que un paso.

(Pàg. 135)
(...) Ha de evitarse, pues, con el mayor cuidado, el introducir cualquier fábula religiosa en esa educación nacional. Nunca perdamos de vista que queremos formar hombres libres y no viles adoradores de un dios.

(Pàg. 136)
(...) cuando se tiene miedo, se deja de razonar; que se les ha recomendado especialmente que desconfiasen de su razón y que, cuando el cerebro está perturbado, se cree todo y no se examinada nada. La ignorancia y el miedo son las dos bases sobre las que se apoyan todas la religiones. La incertidumbre en que se encuentra el hombres respecto de su dios es precisamente el motivo que lo apega a su religión. El hombre tiene miedo de las tinieblas, tanto en el aspecto físico como en el moral; el miedo se hace habitual en él y se transforma en una necesidad. Creería que le falta algo si ya no tiene qué esperar o qué temer.

(Pàg. 140)
(...) No derroquéis sus ídolos con ira: pulverizadlos como si jugarais, y veréis cómo la opinión cae por su propio peso.

(Pàg. 176)
Dolmancé.  Lo único peligroso que hay en el mundo es la piedad y la beneficencia; la bondad sólo es una debilidad, y la ingratitud y la impertinencia de los débiles obligan siempre a la gente honesta a arrepentirse de ella.

 Altres n'han dit...
Paraísos artificiales, La pasión inútil, Buscando a las musas perdidas, Aminoapps, Pep Grill.

 Enllaços:
Marquès de Sade, el context de l'autor, el context del llibre, possibles fonts inspiradoresels principals punts de la filosofia sàdicafeminista i misògin, sobre l'egoisme i el llibertinatge, sobre la moralitat i contra la religió, natura non constritatur, contradiccions.

 Llegeix-lo:
Francès (multiformat - html - html wiki)
Francès (facsímils: edició 1909edició 1795-Londres-)
Anglès (multiformat)

diumenge, 7 de gener de 2018

Els meus pares - Hervé Guibert




"No imagino res de més cruel que tenir un fill."





Guibert, Hervé. Els meus pares.
Barcelona: Club Editor 1984, 2014. 

Mes parents. Traducció de David Ilig.
Col·lecció El club dels novel·listes, 46
 




 Com comença...
Dijous 21 de juliol de 1983, mentre sóc a l’illa d’Elba i la seva germana Suzanne s’està a la casa de camp que posseeix a Gisors, la meva tia-àvia Louise, que té setanta-sis anys, es troba malament a l’autobús 49 en direcció a la Gare du Nord, on ha de comprar el bitllet per a un viatge.

 Moments...
(Pàg. 34) 
Ha apagat el llum; s’està dret a la vora del llit, em fa dir en veu alta les oracions: un parenostre i un avemaria. Un a nit d’insomni, l’estiu passat, intento recordar-ne les paraules i em semblen alhora absurdes, abstractes i gravíssimes: quincalla del regne i de la santificació, però retrobament d’unes paraules que podria creure que no he sentit mai si no estigués segur d’haver-les repetides centenars de vegades i que aquella nit m’emocionen profundament: “Perdoneu les nostres culpes així com nosaltres les perdonem als nostres deutors”, “ara i en l’hora de la nostra mort, amén”. Aquestes paraules haurien pogut ser substituïdes perfectament per una lletania pornogràfica, per al meu pare només eren, dins l’organització del ritual d’allitar-se, un mitjà per unir les veus, per acompassar les nostres respiracions.

(Pàg. 39) 
M’agraden els cromos: els que em donen a l’escola quan acumulo deu punts de bon comportament, moneda miraculosa de la docilitat que fa de l’alumne un petit accionista d eles seves hipocresies, els cromos d’història o de ciències naturals, les santes devorades pels lleons, les bestioles més inimaginables, el tapir, la mona esquirol.

(Pàg. 46)
El moment més bonic de la meva mare és al restaurant, just després de la confusió en encarregar els plats i abans que portin el vi rosat glaçat que li agrada tant: té la seva progenitura a la vista, en comprova la netedat, corregeix un floc de cabells, i es relaxa un instant, posa els colzes a cada costat del plat i les mans una sobre l’altra sota el mentó, sent aflorar dins seu una gran distinció, és feliç, viu la seva eternitat.

(Pàg. 51)
Vaig amb banyador, tors nu, enfilat a la pilota. I en aquell moment arriba un noi i em diu que no sóc com ell: encara no me n’havia adonat. Tinc el pit enfonsat, mentre que els altres nois el tenen pla o una mica bombat. No recordo les paraules del noi però van tallar la meva vida en dos.

(Pàg. 53)
Tornar al pis després de les vacances és deliciós: put una mica, fa l’olor de la nostra família i és una olor que proporciona seguretat, només se sent així de forta, tant concentrada, una vegada a l’any; les finestres s’han quedat tancades, les olors de menjar han tingut temps d’evaporar-se completament i nomé subsisteix un perfum molt dens en qu`pe es barregen la fusta dels mobles, el vernís, una lleugeríssima descomposició de les cortines i de les vànoves, una degradació imperceptible de la pintura dels murs.

(Pàg. 78)
El meu pare, que vol que sigui metge, m’ha obligat a fer matemàtiques. Però jo només tinc una idea al cap: el teatre.

(Pàg. 95)
Camino descalç pels gran terrossos de terra llaurada, els peus passen del cim esberlat dels crestalls a la fondalada tova, la pols més seca de la terra eixuga de mica en mica el fang. La terra em fa un massatge als peus, és com un bateig, em proveeix una nova vida, una vida sensual. Alço el cap, el cel vermell m’entra a les venes.

(Pàg. 110) 
Al vespre em trobo havent de sopar amb els meus pares en un silenci desolador i tens. Al cap només hi tinc el nom de T. i no puc saber si pronunciar-lo seria una derrota o un esclat de joia, em retinc i alhora maleeixo els meus pares per no forçar-me a confessar-ho tot.

(Pàg. 116) 
El seu pare li pregunta què està escrivint. Ell fa un esforç per respondre-li, li parla de la seva obra teatral. El seu pare no ha llegit mai res seu, només articles, i una narració, i pronuncia aquesta frase que el colpeix, el sobta i alhora li plau infinitament: “M’ha d’agradar per força el que escrius, és la veu de la meva sang”.

(Pàg. 118)
Es mira nu al mirall abans d’anar-se’n al llit i es fotografia mentalment en diverses posicions, de cara, de perfil, dissimulant o accentuant els seus defectes. Deixa anar el ventre, deixa caure les espatlles, enfonsa el tors. I es diu: són ells que han fet aquest cos. Però ¿què hi poden fer, ells, amb aquest cos? De vegades els tenia rancúnia d’haver-li donat aquell cos.
Al restaurant, el seu pare li diu aquesta frase que sens dubte no ha dit mai a la seva dona: “Fas goig de veure, aquest vespre”. També li diu: “El més important és que no pateixis”, i li sembla que aquesta frase resumeix tot el que el seu pare li vol dir, tot el que mai li hagi volgut dir.

(Pàg. 123)
Vigília de Pasqua: el meu pare m’envia dins un sobre dos-cents francs “perquè et compris una fotesa”; jo penso, pèrfidament, que aquests diners oferts pel meu pare em serviran per comprar un cos, un sexe.

(Pàg. 127) 
“(...) Tenies por que caigués de la taula, però el meu cos em pertany totalment, fins als límits on el pugui dur, i no tens cap dret a identificar-te amb el meu sistema nerviós; si aquest cos jo demà el vull deixar caure, però des d’una finestra, no hi tindràs res a dir...”. M’adono ara de la duresa terribles d’aquests mots. A continuació dic a la meva mare: “No imagino res de més cruel que tenir un fill. Si en tingués un, jo seria encara pitjor: el violaria, el mataria, no el deixaria escapar...”.

(Pàg. 150)
Nota escrita amb tres setmanes de retard: massa emoció durant el dinar amb la mare. Perquè creu que es morirà  i que torna per darrera vegada a París per veure els fills, però no ho diu. Perquè em diu: “Saps, estic molt orgullosa de tu, dels camins que has triat a la vida, del teu coratge, de la teva resistència contra la solitud”.  I perquè deixa caure com qui no vol la cosa, al moment de separar-nos, simulant indiferència, al pas de la porta, el que s’ha guardat durant tot el dinar, el que ha dubtat a dir tot pensant, potser, si no ho dic ara ja no ho podré dir mai: “M’agradaria molt estirar-me al teu llit, immòbil, sense dir res, per no molestar-te, mentre tu escrius a l’habitació del costat...”. Una emoció gairebé insuportable.

(Pàg. 151)
No els odio solament a ells i al meu propi odi, sinó que odio el que miren i el que mengen, els seients on seuen i la roba que recobreix els seus cossos, odio el seu pis, odio les seves lectures, odio la seva por (i escric aquestes coses tan esgarrifoses tot escoltant una música alegre com l’aigua que llisca per una superfície oliosa), odio el seu mobiliari, odio el seu menjar congelat.

(Pàg. 161)
En veure’m amb el nou tall de cabells, el meu pare veu el seu pare. Em diu amb pena, com si de cop fos a mi que fes el retret: “Em va prometre una moto i mai no me la va comprar...”.

(Pàg. 167)
El pare que de vegades s’ajau al llit de la seva mare, només per mirar el que ella mirava, un bocinet de sostre.

 Altres n'han dit...
Directa.cat (J.Bacardit), Cartes elèctriques, Un salt de llibres, Especulacions d'un Neanderthal, Trempera literària, Les Chroniques assidues, Pep Grill.

 Enllaços:
Hervé Guibert, l'autoficció, context de l'autor, dubtes.

dijous, 4 de gener de 2018

Oceà - Alessandro Baricco



"(...) I t’ho deia. T’agafava pel braç, un dia qualsevol pel carrer, i amb els ulls plens de meravella, t’ho deia:- Jo una vegada, vaig veure els àngels."




Baricco, Alessandro. Oceà. 
Barcelona: La Magrana, 2001. 

Oceano mare. Traducció de Mercè Canela
Col·lecció Llibres de Butxaca, 50




 Què en diu la contraportada...
Fa molts anys, una fragata de la marina francesa va naufragar al mig d’un oceà. 147 homes van intentar salvar-se pujant dalt d’un rai enorme i confiant-se al mar.
Fa molts anys, un home va arribar a la riba d’un oceà i va estar-se  en una fonda que es deia Almayer. Allà hi havia uns nens estranys, un pintor, una dona bellíssima, un professor de nom estrany, un home misteriós, una noia que no volia morir i un capellà extravagant, tots suspesos sobre l’oceà.
Fa molts anys, aquests destins van trobar el mar i en van tornar marcats. Oceà és la confirmació indiscutible del talent original d’Alessandro Baricco.

 Com comença...
Sorra fins a perdre’s de vista, entre els últims turons i el mar –el mar-, en l’aire fred d’una tarda que s’acaba, beneïda pel vent que sempre bufa del nord.
La platja. El mar.

 Moments...
(Pàg. 20)
Té 38 anys, Bartleboom. Pensa que un dia, en algun lloc del món, trobarà una dona que és, des de sempre, la seva dona. De tant en tant li sap greu que el destí s’obstini a fer-lo a esperar amb una tenacitat tan poc delicada, però amb el temps ha après a considerar el fet amb una gran serenitat. Ja fa anys que, gairebé cada dia, agafa la ploma i li escriu. No té noms ni adreces per posar als sobres: però té una vida per explicar. I a qui, si no a ella? Pensa que quan es trobin serà bonic posar-li a la falda una capsa de caoba plena de cartes i dir-li:
- T’esperava.

(Pàg. 38)
Per a ell el mar era una idea. O, més exactament, un itinerari de la imaginació. Era una cosa que naixia en el Mar Roig –dividit en dos per les mans de Déu-, es multiplicava en el pensament del diluvi universal, allà es perida per retrobar-se més tard en el perfil panxut d’una arca i immediatament es connectava amb el pensament de les balenes –mai no vistes però sovint imaginades- i d’allà ressorgia, de nou bastant clar, en les poques històries de peixos monstruosos i dracs i ciutats submarines arribades fina a ell, en un crescendo de resplendor fantàstica, que bruscament s’arrugava en els trets aspres del rostre d’un avantpassat –emmarcat i perenne en la seva galeria- que segons deien havia estat aventures al costat de Vasco de Gama: en els seus ulls, subtilment malvats, el pensament del mar agafava un camí sinistre, rebotava en unes cròniques incertes d’hipèrboles corsàries, s’enganxava amb una cita de sant Agustí segons la qual l’oceà era la casa del dimoni, retrocedia cap a un nom –Thelassa- que potser era un vaixell naufragat, potser una dida que explicava històries de vaixells i de guerres, acariciava l’olor de certes teles arribades de des països llunyans, i finalment aflorava de nou a la llum en els ulls d’una dona d’ultramar, trobada feia molts anys i que no havia vist mai més, per anar-se a aturar, al final d’un periple de la ment com aquest, en el perfum d’un fruit que, li havien dit, només creixia a la vora del mar, en els països del sud, i quan el menjaves senties el gust del sol. Com que el baró de Carewall no l’havia vist mai, el mar viatjava, en la seva ment, com un polissó a bord d’un veler quiet a port, amb les veles amainades: inofensiu i superflu.

(Pàg. 50) 
Langlais jutjava. Confrontava les proves, examinava els testimonis, indagava sobre les fons. I després jutjava. Vivia quotidianament al mig dels fantasmes d’una immensa fantasia col.lectiva on la mirada lúcida de l’explorador i l’al·lucinada del nàufrag produïen imatges potser idèntiques i històries il·lògicament complementàries. Vivia enmig de la meravella.

(Pàg. 56) 
- Timbuktú no té muralles, perquè allà sempre han pensat que la seva bellesa, tota sola, aturaria qualsevol enemic.
Després Adams va callar, i tornà a abaixar la mirada cap a la petúnia color de perla. Langlais continuà pel camí, sense dir paraula. Ni tan sols Déu, si existís, s’hauria adonat de res.

(Pàg. 71)
- (...) Va renunciar a tot, però es va guardar, ferotgement, les dues úniques coses que realment li importaven: escriure i odiar. Escrivia laboriosament, amb la mà que encara arribava a moure. I odiava amb els ulls. Parlar, no ho féu més, fins al final. Escrivia i odiava.

(Pàg. 84)
- Però quin lloc és aquest, on hi ha gent, però és invisible, o va endavant i endarrere sense fi, com si tingués davant l’eternitat per...
- Això és la riba del mar, pare Pluche. Ni terra ni mar. És un lloc que no existeix.

(Pàg. 86) 
(...) I vos reseu mai, Bartleboom?
Bartleboom es posa bé el barret al cap.
Havia resat. Després vaig fer un càlcul. En vuit anys m’havia permès de demanar a l’Omnipotent dues coses. Resultat: la meva germana és morta i, la dona amb qui em casaré, encara he de trobar-la. Ara reso molt menys.
No crec que...
Els números parlen clar, pare Pluche. La resta és poesia.

(Pàg. 115)
Suspesa a l’extrem de la terra, a un pas del mar en tempesta, la fonda Almayer reposava immòbil, submergida en la foscor de la nit com un retrat, penyora d’amor, en la foscor d’un calaix.

(Pàg. 141)
(...) n’hi ha prou amb ben poc, en el fons. No, us ho dic  perquè, si tornés a passar, sapigueu com comportar-vos. Un somni és una cosa que funciona. Si voleu un consell, és el sistema correcte. Per salvar algú, en tot cas. Un somni.

(Pàg. 143)
La realitat es difumina i tot es transforma en memòria. Fins i tot tu, a poc a poc, has deixat de ser un desig i t’has transformat en un record.

(Pàg. 156)
S’havia promès. No ho havia paït gaire bé, però. Havia perdut una mica d’aquella brillantor... se li havia entelat l’ànima, si veieu el que vull dir. Era com si s’hagués esperat una altra cosa, ell, una cosa completament diferent. No estava preparat per a aquella normalitat. Anava tirant, res més.

(Pàg. 159)
Ja passa això. Somies, coses teves, íntimes, i després a la vida no li ve bé de jugar amb tu i t’ho desmunta: un instant, una frase, i tot es desfà. Ja passa. No és per res més que la vida és una feina ben trista. T’has de resignar. No és agraïda, la vida, si veieu el que vull dir.

(Pàg. 168)
HI ha gent que es mor i,  amb tots els respectes, no es perd res. Però ell era un d’aquells que, quan ja no hi són, ho notes. Com si el món sencer es fes, d’un dia per l’altre, més pesant. És possible que aquest planeta, i tot plegat, continuï flotant en l’aire només perquè hi volten molts Bartleboom i són ells que pensen a aguantar-lo. Amb la seva lleugeresa. No posen cara d’herois, però mentrestant aguanten la barraca. Són així. Bartleboom era així. Només per dir-vos: era algú capaç d’agafar-te pel braç un dia qualsevol pel carrer, i de dir-te amb gran secret:
- Jo una vegada vaig veure els àngels.
Tot i que ell no hi creia, en Déu, era un científic, i no tenia gaire predisposició per les coses de l’església, si veieu el què vull dir. Però havia vist els àngels. I t’ho deia. T’agafava pel braç, un dia qualsevol pel carrer, i amb els ulls plens de meravella, t’ho deia:
Jo una vegada, vaig veure els àngels.
És possible no estimar algú així?

 Altres n'han dit...
Ville à Dômat, Letras en tinta, El Criticón, Ex-libris, Más allá de las Puertas de Tanhaüser, Owiki Owo, El bisturí de Benigno Fontes, Blog de libros, Los murmullos de la anciana, La esfinge, Pep Grill.

 Enllaços:
Alessandro Baricco, estructura i estil, el paradigma de Bartleboom, OVNI literari, amor/odi, eco pictòric 1, eco pictòric 2, el mar com a metàfora.