divendres, 15 de setembre de 2017

El castillo de los destinos cruzados - Italo Calvino




"(...) las setenta y ocho cartas de la baraja de tarot en cuyas combinaciones aparecen secuencias de historias que en seguida se deshacen."


Calvino, Italo. El castillo de los destinos cruzados. 
Madrid: Siruela, 1999. 


Il castello dei destini incrociati, traducció d’Aurora Bernárdez
Biblioteca Calvino, 10




 Que en diu la contraportada...
El castillo de los destinos cruzados, que Italo Calvino consideraba uno de sus mejores libros, se publicó originalmente en 1973, tras un elaborado proceso de escritura a través de métodos combinatorios que le llevó cinco años. Las dos narraciones que lo componen fueron concebidas a partir de un mismo juego formal: las posibles interpretaciones de dos diferentes mazos de tarot, cuyas cartas se reproducen a lo largo del libro.
Para El castillo de los destinos cruzados el punto de partida es el tarot Visconti —con sus delicados miniados que reflejan el refinamiento renacentista—, que genera una serie de historias cortesanas que aluden al Orlando furioso de Ariosto y protagonizadas por personajes de «bella apariencia y vestidos con atildada elegancia». Y para La taberna de los destinos cruzados el tarot de Marsella, de trazos más toscos y que requiere personajes más burdos y un lenguaje más popular.

 Com comença...
En medio de un espeso bosque, un castillo ofrecía refugio a todos aquellos a los que la noche sorprendía en camino: damas y caballeros, séquitos reales y simples viandantes.
El castillo. El castillo de los destinos cruzados.

 Moments...
(Pàg. 34)
Y entonces el Diablo podía desaparecer con una risita burlona que parecía un aullido: viejo habitante de los campanarios, habituado a contemplar, encaramado en una canalera, la extensión de los tejados, sabía que las ciudades tienen almas más consistentes y durables que las de todos sus habitantes juntos.
Historia del alquimista que vendió su alma. El castillo de los destinos cruzados.

(Pàg. 45)
La figura del Rey de Espadas que intentaba reflejar en un único retrato su pasado belicoso y el melancólico presente, fue arrimada al margen izquierdo del cuadrado, a la altura del Diez de Espadas. Y de pronto nuestros ojos quedaron como deslumbrados por la polvareda de las batallas, oímos el sonido de las trompetas, ya las lanzas volaban en pedazos, ya los hocicos de los caballos al chocarse confundían sus espumas iridiscentes, ya las espadas, ora de filo ora de plano chocaban, ora sobre el filo ora sobre el plano, con las otras espadas, y allí donde un círculo de enemigos vivos saltaba sobre las monturas para encontrar, al caer, no los caballos sino la tumba, allí en el centro de ese círculo estaba el paladín Orlando blandiendo su Durlindana.
Historia de Orlando loco de amor. El castillo de los destinos cruzados.

(Pàg. 50)
En la última carta se ve al paladín atado cabeza abajo como El Ahorcado. Y finalmente su rostro se vuelve sereno y luminoso, el ojo límpido como lo había sido ni siquiera en el ejercicio de sus razones pasadas. ¿Qué dice? Dice:
Dejadme así. He dado toda la vuelta y he comprendido. El mundo se lee al revés. Asunto zanjado.
Historia de Orlando loco de amor. El castillo de los destinos cruzados.

(Pàg. 53)
(...) Al cielo has de subir, Astolfo –(el arcano angélico del Juicio indicaba una ascensión sobrehumana)-, a los campos pálidos de la Luna, donde se conservan en un interminable depósito, en ampollas alineadas –(como en la carta de Copas)-, las historias que los hombres no viven, los pensamientos que llaman una vez al umbral de la conciencia y se desvanecen  para siempre, las partículas de lo posible descartadas en el juego de las combinaciones, las soluciones a las que se podía llegar y no se llega...
Historia de Astolfo en la Luna. El castillo de los destinos cruzados.

(Pàg. 57)
(...) porque las historias contadas de izquierda a derecha o de abajo hacia arriba pueden también leerse de derecha a izquierda o de arriba hacia abajo y viceversa, considerando que las mismas cartas al presentarse en un orden diferente suelen cambiar de significado, y el mismo tarot sirve al mismo tiempo a narradores que parten de los cuatro puntos cardinales.
Todas las demás historias. El castillo de los destinos cruzados.

(Pàg. 62)
También mi historia está seguramente contenida en ese entrelazamiento de cartas, pasado, presente, futuro, pero ya no sé distinguirla de las otras. El bosque, el castillo, el tarot me han conducido a esta meta: perder mi historia, confundirla en el polvillo de  las historias, librarme de ella.
Todas las demás historias. El castillo de los destinos cruzados.

(Pàg. 72)
(...) en cada elección hay siempre un reverso, es decir, una renuncia, y así no hay diferencia entre el acto de escoger y el acto de renunciar.
Historias del indeciso. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 76) 
(...) la vida es derroche de materias errabundas que se dispersan, el gran caldero del mar no hace sino repetir lo que sucede en las constelaciones que desde hace milenios siguen machacando los átomos en los morteros de sus explosiones, visibles aun aquí en el cielo color leche.
Historias del indeciso. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 85)
Las máquinas, sabedoras desde hacía tiempo de que podían prescindir de los hombres, han terminado por expulsarlos; y después de un largo exilio, los animales salvajes han vuelto a ocupar los territorios arrebatados al bosque: zorros y martas alargan las suaves colas sobre los tableros de mando constelados de manómetros y palancas y cuadrantes y diagramas; tejones y lirones se calientan al calor de acumuladores y magnetos. El hombre fue necesario; ahora es inútil. Ahora, para que el mundo reciba informaciones del mundo y las disfruten, bastan las computadoras y las mariposas.
Historia del bosque vengador. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 95)
En la luz incierta las cartas describen un paisaje nocturno, las Copas se perfilan como urnas, sarcófagos, sepulcros entre las ortigas, las Espadas  resuenan metálicas como azadas y picos contra las tapas de plomo, los Bastos negrean como cruces torcidas, los Oros centellean como fuegos fatuos. En cuanto una nube deja al descubierto La Luna, se alza el aullido de los chacales que escarban furiosos en los bordes de las tumbas y disputan a los escorpiones y las tarántulas sus pútridos banquetes.
En ese escenario nocturno podemos imaginar que un rey avanza perplejo acompañado por su bufón o enano de la corte (tenemos las cartas del Rey de Espadas y del Loco, que vienen de perlas) y suponer un diálogo entre ellos, que el sepulturero atrapa al vuelo. ¿Qué está buscando el rey, allí, a esa hora?
Historia del reino de los vampiros. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 98)
(...) Pero ¿adónde me has traído, loco? ¡Esto es un cementerio!
Y el bufón, señalando la fauna invertebrada que pace en las tumbas:
¡Aquí reina un soberano más poderoso que tú: Su Majestad el Gusano!
Jamás he visto en mi territorio un lugar donde el orden deje tanto que desear. ¿Quién es el papanatas encargado de este ministerio?
Yo, para servir a Vuestra Majestad –y éste es el momento en que el sepulturero entra en escena y suelta su parlamento-. Para alejar el pensamiento de la muerte, los ciudadanos esconden por ahí como pueden, los cadáveres. Pero al cabo de muchas vueltas, recapacitan y vuelven para verificar si los han enterrado bastante bien, si los muertos por estar muertos son de veras algo distinto de los vivos, porque si no, los vivos ya no estarían tan seguros de estar vivos, ¿me comprendes?, y así, entre sepulturas y exhumaciones, quita, meta y remueve, ¡yo siempre estoy atareadísimo!
Y el sepulturero se escupe las manos y vuelve a darle a la pala.
Historia del reino de los vampiros. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 106)
Es de todos sabido, o por lo menos debería serlo, que si el alquimista busca el secreto del oro por afán de riqueza, sus experimentos fracasan; por el contrario, debe librarse de los egoísmos y las limitaciones individuales, llegar a ser uno con las fuerzas que se mueven en el fondo de las cosas, y a la primera transformación verdadera, que es la de si mismo, seguirán dócilmente las otras.
Dos historias en las que se busca para perderse. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 111) 
Hijo de unión culpable, matricida sin saberlo, pronto comprometido en un amor igualmente prohibido, Parsifal corre ligero por el mundo, en perfecta inocencia. Ignorante de todo lo que se debe aprender para estar en el mundo, se comporta según las reglas de la caballería porque así debe hacerlo. Y en el resplandor de una clara ignorancia atraviesa comarcas grávidas de una oscura sapiencia.
Dos historias en las que se busca para perderse. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 112) 
(...) El mundo no existe –concluye Fausto cuando el péndulo llega al otro extremo-, no hay un todo que se dé de una vez; hay un número finito de elementos cuyas combinaciones se multiplican por miles de millares, y de éstas sólo unas pocas encuentran una forma y un sentido y se imponen en medio de un polvillo sin sentido y sin forma, como las setenta y ocho cartas de la baraja de tarot en cuyas combinaciones aparecen secuencias de historias que en seguida se deshacen.
Dos historias en las que se busca para perderse. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 116)
La Sota de Copas me retrata mientras me inclino a escrutar la envoltura de mí mismo; y no tengo un aire satisfecho: es inútil que sacuda y exprima, el alma es un tintero seco.
Ahora cuento lo mío. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 120)
Tal vez ha llegado el momento de admitir que la carta número uno es la única que representa honestamente lo que he conseguido ser: un prestidigitador o ilusionista que dispone sobre su tablado de feria cierto número de figuras, y que desplazándolas, conectándolas e intercambiándolas obtiene cierta cantidad de efectos.
Ahora cuento lo mío. La taberna de los destinos cruzados.

(Pàg. 129)
Ahora que hemos visto esos trozos de cartón grasiento transformados en museo de obras maestras, teatro de tragedia, biblioteca de poemas y novelas, el mudo rumiar de palabras pedestres, obligado a elevarse poco a poco para estar a la altura de las figuras de los arcanos, podrá ahora tratar de volar más alto, de aletear con palabras más empenachadas, de esas que se escuchan desde el paraíso del teatro y que transforman en palacios y campos de batalla los apolillados telones de un escenario destartalado.
Tres historias de locura y destrucción. La taberna de los destinos cruzados.

 Altres n'han dit...
Mis [Re]lecturas, José Lupiáñez, La antigua Biblos, Manual de uso cultural, Huracanes en papel.

 Enllaços:
Italo Calvino, sobre la idea i la creació, claus interpretatives, relat escrit/relat iconogràficel paper de Paolo Fabbri, artefacte combinatoritarot? quin tarot?.

dilluns, 11 de setembre de 2017

Los Periódicos - Henry James





"(...) - ¿Y qué teme usted –interrogó Bight- que pueda suceder? 
- Pues, para estar sobre seguro –sonrió-, quiero suceder yo primero, ¿comprenden?"



James, Henry. Los Periódicos. 
Barcelona: Alba Editorial, 1998. 



The Papers, traducció de Guillermo Lorenzo.
Col.lecció Clásica, 18



 Que en diu la contraportada...
Una pareja de periodistas –jóvenes, inquietos, pobres, enamorados –anda a la caza de la noticia en el bullicioso Londres de principios de siglo. El centro de la atención pública del momento lo ocupa un personaje «universal y ubicuo» que responde al complejo nombre de Sir A.B.C Beadel-Muffet, K.C.B., M.P., y que no es sino lo que Borges habría llamado una de esas «espléndidas nulidades que cruzan los visibles escenarios del mundo». Cuando un día este admirable caballero desaparece, no sólo deja una codiciada vacante en el olimpo de la fama sino que arroja a nuestra pareja de reporteros al laberinto de una investigación cuyo efecto principal será, no obstante, preguntarse de qué manera han podido ellos mismos desencadenar –o hubieran podido evitar– lo ocurrido y sus consecuencias, aparentemente fatales.
Los periódicos (1903), excelente nouvelle de la madurez de Henry James, pone sobre el tapete cuestiones tan actuales como la notoriedad de lo banal o como la ética del periodista y resuelve con tremenda ironía un caso «romántico» de conciencia privada y opinión pública.

 Com comença...
Durante un lapso de tiempo relativamente largo –la densa duración de un invierno londinense, animado (si es que puede usarse esta palabra) por fogonazos y fulgores eléctricos, por tétricas “incandescencias” eléctricas- se encontraron una y otra vez en una cervecería no muy exquisita, una fonda situada en los aledaños del Strand.

 Moments...
(Pàg. 25)
El artista, un ser necesariamente sensible, vivía del ánimo que le insuflaban los demás, de saber que la gente le quería un poco y de que se lo recordaran, de saber que le querían al menos lo suficiente para halagarle un poco.

(Pàg. 32)
(...) Eres más que cínico.
¿Y a qué llamas tú “ser más que cínico”?
A ser sardónico. Malvado –prosiguió ella-, diabólico.
Exactamente... pero eso es ser cínico. Ser un poco cínico está bien.

(Pàg. 42)
(...) hasta la mañana siguiente, que era sábado, no pudieron dedicarse al intercambio de impresiones que a la sazón constituía para ellos la enjundia, un tanto acre, de su conciencia.

(Pàg. 45) 
(...) sentía que cuando está en juego la propia subsistencia, la gente no tiene derecho a negarme lo que pido. Era su obligación (para eso eran gente preeminente) dejarse entrevistar para permitirme seguir en la brecha. Lo que yo hacía por ellos, ellos lo hacían por mí.

(Pàg. 46)
(...) lo que deseas  llegará... no puede dejar de suceder. Pero luego, con el tiempo, también tú te librarás de ello.  Aunque para entonces ya lo habrás experimentado, como yo, y la parte buena de la historia.
Pero si esto no produce más que asco, ¿ a qué llamas lo bueno de la historia?
A dos cosas. En primer lugar, a que es tu medio de vida, y, en segundo término, a que es divertido (...).

(Pàg. 50)
(...) A tu manera, como el resto de la gente, de todos los que están aquí, lo único que ocupa tu cerebro es la mofa.
¿Y que es la mofa sino éxito? ¿Qué es el éxito sino mofa?
Escribe eso en alguna parte. Si fuera cierto, me alegro de ser una fracasada.

(Pàg. 67)
La prensa, hija mía –respondió Bight-, es el perro guardián de la civilización, pero sucede que el susodicho can, y este hecho es inevitable, está permanentemente rabioso. Es muy fácil hablar de ponerle un bozal; lo único que se puede hacer es hostigarle (...)

(Pàg. 111) 
(…) Si eres de su agrado, realmente es ahora cuando te necesita. Vete a verla como amiga.
¿Qué publique su vida? ¿Cómo una amiga?
Bueno, como una amiga de la prensa. De la prensa y para la prensa, y que dispone de sólo media hora antes de volver al periódico. Trátala con un poco de altanería, puedes hacerlo con toda tranquilidad. –Bight iba desarrollando la idea-.Ése es el sistema, el bueno de verdad. –Y, al poco rato, habló como si casi hubiera perdido la paciencia-: A estas alturas deberías haberlo comprendido.

(Pàg. 116) 
En un mundo como el circundante podía afirmarse que la pasión irónica constituía la mitad de la dignidad –la mitad de la decencia- de la vida; pero, con todo, cuando resultaba tan espeluznantemente mortal (y no para uno mismo, lo que carecía de importancia, sino para los demás, aun si eran necios o gente adocenada), uno debía saber ver una advertencia clara para mantenerse al margen y meditar.
Esto era lo que Maud Blandy intentaba hacer mientras los periódicos bramaban y trepidaban más que nunca con la nueva carnaza (...).

(Pàg. 125)
(...) te has metido en un lío. Te has dedicado a un juego sumamente insólito. El código admite cualquier cosa menos eso.
Exacto. Así que debo asumir las consecuencias. He quedado desacreditada, pero tendré que asumirlo. Y lo haré marchándome. Es decir, dejándolo todo. Los mandaré a paseo.
¿A los periódicos? –pregunto Bight con toda simplicidad.
Pero Maud vio que el asombro era exagerado. Sus miradas se encontraron con franqueza.
¡Al diablo los periódicos! –dijo Maud Blandy.
Esto provocó en la tristeza y el hastío de Bight la sonrisa más dulce que hasta entonces había mostrado.
Entonces, si seguimos así, entre nosotros dos solos, acabamos con ellos –declaró; luego continuó su divagación-: ¿Y entonces te da igual que por fin haya conseguido darte el impulso inicial? Primero te quejabas de no poder entrar. Luego, de pronto, con una gloriosa pirueta, consigues hacerlo. Pero, entonces, miras a tu alrededor y dices con asco: “Ah, ¿aquí? ¿Es esto?”. ¿Dónde demonio querías estar?
Ah, eso es otro asunto –dijo ella-. Por lo menos sé fregar suelos (...).

(Pàg. 128)
(...) Pero hasta que el caso no se transfiera, como acabará haciéndose a nuestro país, no verán nada. Y entonces va a ser muy divertido.
¿Divertido? –preguntó Maud Blandy.
Vamos, muy bonito.
¿Bonito para ti?
¿Por qué no? Cuando más se desorbite la cosa, más bonito.

(Pàg. 134)
(...) Me he aventurado a venir –anunció Marshal- para recordarles que el tiempo no pasa en balde.
Bight le había examinado con mirada un tanto equívoca.
¿Teme usted que se vaya a adelantar alguien?
Bueno, el sitio es tan tentador y está tan vacio...
Maud volvió a convertirse en la voz de Marshal.
El señor Marshal considera que se ha vaciado quizá demasiado deprisa.
Marshal agradeció, con su expresión amplia y brillante, la ayuda que le brindaba ella con su ligereza y desenvoltura.
Quisiera entrar antes de que suceda algo.
¿Y qué teme usted –interrogó Bight- que pueda suceder?
Pues, para estar sobre seguro –sonrió-, quiero suceder yo primero, ¿comprenden?

 Altres n'han dit...
Els llibres del Senyor Dolent, Vai de librosLangre, La mar, la mar....

 Enllaços:
Henry James, context, joc de titelles, Strand.

 Llegeix-lo:
Anglès (html)

dimecres, 6 de setembre de 2017

Carta al pare - Franz Kafka




"(...) en tu s’acabava tota la puresa del món i en mi començava, en virtut del teu consell, tota la immundícia."



Kafka, Franz. Carta al pare. 
Barcelona: L’Avenç, 2009. 

Col·lecció Literatures



 Que en diu la contraportada...
Kafka va escriure Carta al pare quan tenia 36 anys, amb motiu del trencament del seu prometatge (el tercer!) amb Julie, filla d’un servent de sinagoga. Tot i que el pare ja s’havia mostrat contrari a aquest matrimoni, Kafka sent la necessitat de justificar-se. El text constitueix, de fet, un esbós d’autobiografia i un nou intent de salvar-se en la literatura.
Kafka acusa el seu pare dels seus mals i reconstrueix la història de la seva convivència sense callar anècdotes cruels ni estalviar-se explicacions humiliants amb un estil minuciós, cortès, exhaustiu. Cada plany, cada confessió o cada retret semblen excessius i tot plegat sembla desorbitat, sense que s’arribi a un judici definitiu, cosa que fa pensar que malgrat la confrontació personal, Kafka se les heu amb un enemic impersonal, tot allò que no és ell, el món, el defora o el curs de la vida.

 Com comença...
Molt estimat pare:
No fa gaire vares preguntar-me per què dic que em fas por. Com de costum no vaig saber què contestar-te; d’una banda precisament perquè em fas por i de l’altra perquè en l’explicació d’aquesta por hi entren tants factors que no podria, de paraula, raonar-la amb una coherència passable.

 Moments...
(Pàg. 35)
Jo hauria estat feliç de tenir-te com a amic, o com a amo, oncle, avi , fins i tot (un xic a contracor, això sí) com a sogre. És justament només com a pare, que no; com a pare eres massa fort per a mi (...)

(Pàg. 38)
(...) aquest sentiment de nul·litat que sovint em domina (un sentiment, tanmateix noble i fecund en un altre aspecte), prové de la teva reiterada influència en mi. M’hauria calgut una mica d’encoratjament, d’amistat. Calia deixar obert el meu camí; en lloc d’això me’l barraves amb la bona intenció, és clar, de fer-me’n seguir un altre. Però jo no era fet per a un altre.

(Pàg. 40) 
En tu vaig veure per primera vegada allò que d’enigmàtic tenen els tirans: la raó, la fonamenten en llur persona, no en llurs raons.

(Pàg. 41)
Mai no he entès la teva manca absoluta de sensibilitat pel que fa al dolor i a la vergonya que podies infligir-me amb aquell parlar; era com si no tinguessis consciència del teu poder.

(Pàg. 45)
(...) tal com sóc, sóc (exceptuant, naturalment, les bases i les influències més generals de la vida) el resultat de la teva educació i de la meva docilitat.

(Pàg. 52)
Podia gaudir d’allò que em donaves, sí, però amb vergonya, amb desgana, remordiment i sentiment de culpa. En conseqüència el meu agraïment no podia ésser veritable, era si de cas agraïment de captaire.

(Pàg. 66) 
El cas és que a través meu vas detestar el judaisme, se’t féu il·legible la literatura jueva, “et feia fàstic”.  Això podia significar que insisties en el fet que l’únic judaisme vàlid era aquell que m’havies ensenyat de petit, que la resta no valia res.

(Pàg. 67)
Escrivint em trobava, tanmateix, relativament segur, respirava; l’aversió que vas sentir tot seguit per la meva afecció a escriure em fou excepcionalment benvinguda. La meva vanitat i el meu orgull sofrien, és cert, sota aquella frase, famosa en la família, amb què solies acollir els meus llibres: “deixa’l damunt la tauleta de nit” (en general jugaves a cartes quan et portava un llibre), però en el fons m’hi rabejava, no sols per venjança i malícia, o per la satisfacció de confirmar novament el meu judici sobre les nostres relacions, sinó perquè molt primitivament aquella fórmula em sonava més o menys així: “ja ets lliure, ara!”. Era un error, naturalment, jo no era lliure o a tot estirar encara no era lliure. Tot el que escrivia, en efecte, tractada de tu, era únicament un plany de tot allò que no podia venir a plànyer en el teu pit.
Era un inacabable comiat de tu, intencionadament allargassat, constret i forçat per tu, però dirigit i determinat per mi

(Pàg. 70)
És probable que de constitució no sigui gandul, però no tenia res a fer. Onsevulla que visqués, em trobava abandonat, condemnat a cadena perpètua, vençut, i fugir-ne, cap onsevulla que fos, m’atreia en extrem, però tampoc no era un objectiu, perquè es tractava d’un impossible que les meves forces, llevat de petites excepcions, no podien pas aconseguir.

(Pàg. 73)
Casar-se, fundar una família, acceptar tots els fills que vinguin, mantenir-los i orientar-los mínimament en aquest món tan insegur, és al meu entendre allò que de més alt pot aconseguir un home.

(Pàg. 74)
(...) allò que em cou a mi et deixa indiferent a tu, i a l’inrevés, allò que per a tu no té conseqüències por ésser mortal per a mi.

(Pàg. 76)
(...) en tu s’acabava tota la puresa del món i en mi començava, en virtut del teu consell, tota la immundícia. Era realment incomprensible que em condemnessis així, i només antigues culpes i el teu profund desdeny m’ajudaven a fer-m’ho comprensible. El resultat fou enfonsar-me novament, presoner de mi mateix.

(Pàg. 78)
Per què, doncs, no m’he casat? Hi havia obstacles concrets, com en tota cosa; la vida al capdavall consisteix a escometre obstacles d’aquests.

(Pàg. 80)
(...) haig de confessar que un fill com jo, esquiu, eixut de paraules i d’atenció, decaigut de cos i d’esperit, em seria insuportable; si no hi hagués cap altre remei, fugiria segurament d’ell, me n’aniria, com tu volies fer de bon principi, quan jo volia casar-me.

 Altres n'han dit...
Lucky BukeLa mojarra desnuda, Un libro al díaCarmen y amig@s, Suelta mis libros, El infinito eterno, Tormentalidad, The Readometer Project.

 Enllaços:
Franz Kafka, context socio-històric, context psicològic, Edip com a desencadenant, introspecció psicològica detallada, dissecció, el pare.

 Llegeix-la
Alemany (html)